El Rosario: el rezo del niño que aprende de María, su Madre, a vivir el Misterio de su Hijo, Jesús "Don del Padre del mundo que Él tanto amó" Jn 3,16


 


El "padrenuestro" :

Nos abre a la alegría infinita del Hijo único de saber que su Padre lo ama y a su sed ardiente de darnos acceso a "nuestro Padre".

El "avemaría" :

Con su repetición lenta y pausada, María nos invita a entrar en su propia contemplación del rostro de Cristo donde reposa la gloria del Padre.

¿Fastidiosa, esta letanía de invocaciones, incansablemente desgranadas como tantos homenajes de amor a nuestra Madre del Cielo?...

María, llena eres de gracia...
el Señor es contigo...
Bendita tú eres entre todas las mujeres...
Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús...
Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores...

¿Todas estas palabras que «María conserva para la eternidad en su corazón» (Lc 2:19), que se consideran un conjunto, o solamente una o la otra según la gracia del momento, no revisten para nosotros un sentido oculto, una resonancia cada vez diferente según se deslice en la mirada cariñosa, a su vez con adoración, maravillada, dolorida o exultante, de María sobre el rostro de su Hijo?

Rostro del recién nacido en la cuna,
Rostro del adolescente de 12 años que entra en la "casa del Padre",
Rostro de Jesús que hace su primer milagro, a petición de su Madre,
para la alegría de una boda de pueblo,
Rostro transfigurado de la gloria de Cristo en la montaña,
y Rostro de la gloria humillada del Rey con corona de espinas,ddd



Rostro desfigurado del Crucificado ya sin aspecto humano
Rostro del Cristo resucitado en la gloria, que envía su Espíritu, que corona a su Madre
"en el esplendor de los santos",

pero siempre: Rostro visible a nuestros ojos del Padre invisible... Col 1,15

Las mismas palabras en nuestros labios y en nuestro corazón no pueden tener el mismo sentido, el mismo matiz de amor, de comunión a sus propios sentimientos, cuando se las dirigimos a María, a lo largo de las escenas evangélicas. Es como un proceso de mimetismo interior que se elabora...

El "Gloria al Padre" :

Y finalmente la alabanza trinitaria que cierra cada meditación evangélica nos sumerge en la fe en pleno corazón del Reino, anticipando el «nuevo Cántico» que cantan los elegidos ante el trono del Cordero". Ap. 14,3

 

 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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