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El "avemaría" : Con su repetición lenta y pausada, María nos invita a entrar en su propia contemplación del rostro de Cristo donde reposa la gloria del Padre. ¿Fastidiosa, esta letanía de invocaciones, incansablemente desgranadas como tantos homenajes de amor a nuestra Madre del Cielo?... María, llena eres de gracia... ¿Todas estas palabras que «María conserva para la eternidad en su corazón» (Lc 2:19), que se consideran un conjunto, o solamente una o la otra según la gracia del momento, no revisten para nosotros un sentido oculto, una resonancia cada vez diferente según se deslice en la mirada cariñosa, a su vez con adoración, maravillada, dolorida o exultante, de María sobre el rostro de su Hijo? Rostro del recién nacido en la cuna, pero siempre: Rostro visible a nuestros ojos del Padre invisible... Col 1,15 Las mismas palabras en nuestros labios y en nuestro corazón no pueden tener el mismo sentido, el mismo matiz de amor, de comunión a sus propios sentimientos, cuando se las dirigimos a María, a lo largo de las escenas evangélicas. Es como un proceso de mimetismo interior que se elabora... El "Gloria al Padre" : Y finalmente la alabanza trinitaria que cierra cada meditación evangélica nos sumerge en la fe en pleno corazón del Reino, anticipando el «nuevo Cántico» que cantan los elegidos ante el trono del Cordero". Ap. 14,3
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