Una pequeña colonia de monjas partió del monasterio de Mauleón (en el País Vasco francés) hacia Arlés en 1870 a petición de un sector dominico con la esperanza de restaurar el santuario de Notre Dame de Grâces en Alyscamps. Pero al cabo de algunos años difíciles, este proyecto debió abandonarse.

Fue entonces que se ofreció, gracias a sor Marie-Dominique Vivien de Joubert, este otro proyecto: el de una fundación en Lourdes.

Tras mucho buscar, las monjas pudieron comprar una propiedad situada sobre una colina con vistas al torrente, a 600 m en línea recta de la Gruta. Allí construyeron un gran convento donde residimos desde 1889.

 
 


Allí, por medio de María, se orienta nuestro camino hacia el Amor. Es con ella, por ella y en ella que vamos hacia Jesús y deseamos interceder por el mundo.

¿Cómo no oír en el grito de Domingo "Dios mío, ¿qué será de los pecadores?", la palabra de María a Bernadette: "Rogad por los pecadores"?

Ser dominica en Lourdes es comulgar a la esperanza, al sufrimiento de los millones de peregrinos que vienen a la Gruta a confiar toda su vida a la Madre de Dios.

 
       
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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