Las monjas de la Orden de los Predicadores tuvieron su origen cuando el beato Domingo reunió hacia el 1207 en el monasterio de Santa María de Prulla
a mujeres que él convirtió
a la fe católica, dedicadas sólo a Dios,
unidas en el rezo y en la ofrenda a su "Santa Predicación".

 
 

¿Quién es Santo Domingo?

> Un español con los ojos azules, una corona de cabellos rojos y el rostro muy claro.

> En 1206, hablando con un posadero en Tolosa, descubrió con estupor que podemos equivocarnos de Dios al buscarlo fervientemente.

> A estos cátaros, que son puros y duros, decepcionados por la Iglesia de aquellos tiempos, decidió anunciar el Evangelio viviéndolo al pie de la letra. En una pobreza radical, caminando descalzo por los senderos y mendigando el pan, Domingo fue hacia los hombres para hablarles de Cristo.

kkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk ¿Quiénes son estas monjas?

> Son mujeres que escucharon a Domingo. Su predicación les abrió los ojos: «Dios es bueno», "Dios es amor".

> Tocadas por el amor de Cristo, se convirtieron a Él y no han dejado de escrutar su rostro, de escuchar su Palabra para conocerlo mejor y amarlo.

   
Juntos, monjas y predicadores, forman la Santa Predicación.
     

> Domingo, por montes y valles iba hablando de Dios con unos y otros, y durante mucho tiempo en sus noches de rezos, hablaba a Dios de unos y otros.

> En Prulla, cerca de Carcasona, reúne en 1207 a las primeras conversas en un monasterio donde las hermanas suplican a Dios: " ¿Qué será de los hombres si no te conocen?…"

> El monasterio se convierte en "la base" de Domingo, la plataforma de lanzamiento de su predicación. Allí se experimenta, que "ocupándose" de Dios, se encuentra la felicidad, que su Palabra salva y enriquece. Allí se ruega a Dios por todos los que tienen sed.

> ¿Cómo creer en Dios sin entender su Palabra? ¿Cómo escuchar sin predicadores?

> Como los apóstoles, Domingo y sus frailes son enviados de Cristo para predicar el Evangelio a los hombres de todo el mundo…





   

 

Hoy, es toda una familia la que vive del espíritu de Santo Domingo: monjas y frailes, pero también hermanas apostólicas, laicos y sacerdotes diocesanos reunidos en fraternidades e incluso institutos seculares y jóvenes voluntarios de todas partes del mundo. Todos no somos más que uno con un mismo deseo: ¡que el mundo conozca a Jesucristo y que se salve!

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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